Si ya antes de convertirse en madre una mujer debe demostrar continuamente su valía (ya sea a nivel laboral, personal, emocional o en otras facetas), cuando llegan los hijos las exigencias se incrementan . ¿Por qué razón aspiramos a ser madres perfectas? ¿Nos lo exige la sociedad?, ¿el entorno?, ¿nuestra familia o amigos? No hay una única respuesta pero la realidad es que las madres se ven inmersas en una vorágine de horarios, retos y emociones que convierten la primera etapa de su maternidad en un verdadero calvario. Encontramos mujeres agotadas, encargadas de mil y una tareas y con la sensación de dejar todo a medias y no llegar realmente a nada. ¿Es tu caso?

La sombra de la conciliación es alargada y es difícil poder compaginar todos los aspectos asociados a la maternidad. Quizá el principal error de estos tiempos es olvidar que el término conciliación debe ir unido al término corresponsabilidad. Es decir tener y criar a un hijo es cosa de dos. Mamá y papá deben repartirse tareas y obligaciones. Y a la hora de pensar en el trabajo es muy importante valorar cuestiones económicas y de otras índoles como quién o cuando debe reducir su jornada, pedir flexibilidad horaria (si es posible), etc. Es decir, no hay que dar por hecho que será mamá quien haga todo eso. Dicen que tener un hijo cambia la vida, pero debe cambiarla a los dos miembros de la pareja. Si el cambio sólo llega para una de las partes la balanza se desequilibrará.

¿Cómo conseguir que la conciliación sea la llave maestra para conseguir una maternidad menos estresante?

  1. Destierra la culpa. La mujer tiende a sentir culpa por muchos motivos desde el minuto uno de su maternidad. Haces las cosas lo mejor que sabes y puedes, partiendo de esa base, la culpa no tiene espacio en tu vida.
  2. Tus horarios, mamá, no deben ser siempre los que se adapten para llevar al bebé al pediatra, o recogerle si se ha puesto malito, asistir a las reuniones de la guarde o similar. Plantead la semana en pareja y atended por igual las necesidades de vuestro hogar y de vuestros hijos. Un buen reparto de estas tareas hará que todo sea más llevadero.
  3. No eres una heroína, nadie te pide que puedas con todo. No te lo exijas tú tampoco. Si hay algo en tu rutina del día que puedas dejar para mañana, ¡hazlo! Tener una tarde algo más tranquila te dará alas para sentirte mucho mejor.
  4. Olvídate del tiempo de calidad y de la cantidad de tiempo. Das a tus hijos y a tu familia lo que puedes, según tus circunstancias. Cada familia es un mundo así que disfruta con tus hijos cuando sea posible y no te martirices si algún día puedes dedicarles menos. Vuelve al punto uno y recuerda: haces las cosas lo mejor que sabes y puedes.
  5. Aunque a veces puede parecer difícil, saca tiempo para ti y que tu pareja haga lo mismo. Si se cuenta con ayuda puede que incluso podáis disfrutar de algo de tiempo libre juntos. Sino, turnaos y tened un momento para vosotros sin interferencias. Respetar ese tiempo de ocio recargará vuestras baterías y os hará felices, una felicidad que transmitiréis a la familia.

Y nunca dudes de tu capacidad, ni como madre ni como trabajadora. Un estudio estadounidense afirmó que las mujeres son más productivas en sus trabajos cuando tienen hijos.