Estamos acostumbradas a no parar, exprimimos cada segundo llenándolo de cosas por hacer. Y cuando nos convertimos en madres no digamos. Nos levantamos por la mañana pensando en lo que haremos casi cada minuto del día que está por empezar. Programando, organizando, anticipando. Nuestra cabeza no para y creemos que no nos queda otra opción porque si no, ¡no llegamos!

Es verdad, cualquier madre sabe lo estresante que puede ser un día cualquiera. Tan estresantes, tan intensos que pasan sin darnos cuenta, pero en esos días también va nuestra maternidad, nuestro bebé creciendo y cambiando a una velocidad de vértigo.

¿Y qué hacemos entonces? Nuestro consejo, como mujeres, como madres es ¡para! Organiza tus prioridades y si algo de tu rutina lo puedes posponer a mañana, no lo dudes, no lo hagas hoy. Tenemos tanta prisa para todo que hacemos las cosas a medio gas y, lo peor, no las disfrutamos.

¡Delega! Seguro que puedes compartir mucho más de tu rutina con tu pareja de lo que piensas. Y la familia, los abuelos e incluso tus amigos de confianza estarán encantados de echarte una mano. Muchas veces no se atreven a decirnos nada por miedo a que nos enfademos o rechacemos esa valiosa ayuda. Tres verbos mágicos debes tener presente desde el mismo momento que te conviertes en madre: parar, delegar, pedir. Con ellos, créenos, serás una madre mucho más feliz pero sobre todo, mucho más relajada.

Criar a un bebé requiere de mucha dedicación y atención, seguramente mucha más de la que podemos imaginar durante el embarazo. Las prisas no son buenas, nos vuelven irascibles, nos restan amabilidad, nos quitan tiempo de gozo con nuestro bebé.

El tiempo vuela, queridas mamás, y nuestros bebés dejarán de serlo pronto así que disfruta esos momentos, no te pierdas un instante, ¡merece la pena! Es lo más hermoso del mundo, así que no lo dudes: ¡para! Y cuando lo hayas hecho ¡disfruta! :)