El punto de partida es ese “positivo» radiante en un test, esa sonrisa que inunda tu cara, ese brillo especial de tus ojos, esas lágrimas que corren raudas por tus mejillas, directas a tu corazón… En esa décima de segundo algo acaba de cambiar dentro de ti. Tu mano, de modo instintivo, va directa a tu vientre como si desde ese preciso instante ya fuera capaz de sentir y percibir la vida que está creciendo en tu interior. Y, desde ese momento te sabes diferente, ya nada será igual. Tu abultado vientre ya no deja lugar a dudas, ¡vas a ser madre! Miedos, dudas y preguntas afloran en la recta final, cuando ya estás a punto de tocar a tu bebé con tus dedos. Y llega el gran momento. Y, en ese mágico segundo en que puedes percibir como tu bebé se abre camino en este mundo, tú, mujer, renaces dentro de ti, convirtiéndote en MADRE.

La carrera comienza

La carrera de la vida, de la maternidad y la crianza. Y la enfrentamos con el resplandor de una estrella, con la fuerza de un gigante y con la determinación que sólo una madre puede tener: la determinación del amor.

Un año pasa muy rápido: doce meses llenos de vida, de cambios, de aventuras, de milagros. El primer año de una madre es un renacer a la experiencia de vivir. Porque nada es comparable a esas primeras semanas donde tu bebé se aferra a ti buscando ese calor y ese olor que antaño en tu vientre húmedo encontraba. O su primera sonrisa, mirándote a los ojos mientras tu emoción te inunda hasta el punto de hacerte tocar el cielo con la punta de los dedos. Sus primeros dientes y tus inevitables preocupaciones. ¿Y su primera palabra? ¿Papá, mamá o alguna otra que os dejó boquiabiertos?

El cambio interior

A partir de ese momento la incesante carrera, parece coger velocidad pues ese bebé tranquilo, que sólo quería de tus brazos y tu apego, ahora necesita libertad y  sus ojos, ávidos de experiencias, buscan, recorren y añoran más. El gateo o el culeo en algunos casos ;), tocar, aprender, probar, mirar…. Y nosotras, madres, volvemos a descubrir el milagro de la vida a través de sus ojos. ¡Tenemos el privilegio de poder estar a su lado y disfrutar de la poderosa maternidad! Y un día nos damos cuenta que no somos las mismas. No es por la falta de sueño o por la falta de orden en nuestra vida, sino porque hemos cambiado por dentro. Ese renacer que se produjo el día de su llegada nos ha convertido en mujeres distintas. No te diste cuenta aquel día especial, sino después un día cualquiera mientras mirabas a tu pequeño. En ese momento tuviste la certeza de que aquella mujer de antes ya no eras tú. Aquel antes ya no es interesante. Tu vida comenzó de nuevo cuando tu bebé llegó. Y este primer año de su vida ha sido capaz de llenar un infinito. El amor de madre que todo lo puede, que todo lo cambia.

Mírate al espejo, ¿eres tú? Quizá haya habido algún cambio. Mira tus ojos, desprenden felicidad, reluces amor, hay destellos de pasión, de sabiduría, de divina madurez. Todo ello es maternidad,…, un año después.

Tu pequeña creación, tu hijo, ha obrado ese milagro. Quizás ahora, cuando el torbellino de los primeros meses deja espacio a un poco de calma, es momento de preguntarnos, ¿eres feliz?, ¿qué te ha traído tu maternidad?