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Sexualidad después de la maternidad: ¿deseo?, ¿qué deseo?

Si le preguntas a una mujer que haya sido madre recientemente es muy posible que su respuesta sea “Yo lo que deseo es dormir, aunque sea tres horas seguidas”. 

Mucho se escribe y mucho de habla sobre recuperar “las ganas” tras la maternidad, lógico: desear es una cosa muuuy bonita y la caidita de Roma el mejor deporte. Pero sé que hay muchas mujeres que lo viven como que (a parte de tooooodo lo que se les ha venido encima con esto de tener un retoño) encima TIENEN QUE TENER GANAS. ¡Festival de la presión!

Ya sea porque sabemos que nuestra pareja está fritanga por hacerlo, porque escuchemos a nuestras amigas hablar del calentón mañanero con el que se despertaron ayer (muy diferente de la pota mañanera de bebé con la que te despertaste tú) o porque la sociedad en general (qué maja ella) nos dice que ha de ser así… La cuestión es que nos presionamos mogollón con recuperar “a la de ya” las ganas. Y yo pregunto: ¿hay algo menos erótico en esta tierra que ver nuestra sexualidad como una obligación? Ay, si es que así no hacemos ná.

Espera, Psicomami, ¿estás diciendo que si no tengo ganas no pasa nada? ¡Noooo! Lo que quiero decir es que es muy normal que no tengas, o que tengas menos que antes de ser madre; estoy diciendo que hay que hacer algo para remediarlo, pero que no hay que hacerlo por los demás, o porque nos lo digan las revistas; estoy diciendo que el sexo es algo tan molongui, nuestra sexualidad tan importante, que merece la pena tener ganas, pero por nosotras mismas (y luego que nos quiten lo bailao).

Tener sueño, estar agotada y que tu lista de tareas pendientes sea más larga que el historial fiestero de Charlie Sheen no son precisamente factores que ayuden a que una esté rumbosa.  Pero si en el fondo de tu alma te acuerdas de que eso de rozarse era bonico, y lo echas de menos, no te preocupes, tu deseo no está muerto estaba de parranda solo está dormidillo.

¿Por qué mola tener ganas?

Porque el sexo es el mejor invento seguido directamente por Internet, que es la caña. No, en serio, el sexo es todo ventajas: es bueno para el cutis, fortalece la musculatura de nuestras bajeras (que se quedan tiritando tras el parto), tiene efectos antidepresivos, mitiga las molestias de la regla… ¿Te duele la cabeza? Pues que sepas que eso no es excusa, porque un polvete puede hacer que ese dolor de cabeza desaparezca. También es en cierta forma ejercicio físico, que siempre viene bien, y a nivel parejil, es fuente de intimidad, enriquece nuestra relación, y es mucho mucho más entretenido -e interactivo- que ver la tele. Hay mil beneficios más, pero como tenga que ponerlos todos este post será infinito, y no tenemos tiempo, que somos madres.

¿Por dónde empezamos?

Lo primero primerísimo es tener ganas de tener ganas (que es feo de leer, pero verdad absoluta). Si en mi lista de PRIORIDADES voy anotando cosas, y cosas y cosas, y el sexo (como tampoco es que ahora mismo me vuelva loca) lo voy relegando al final, ¿qué crees que pasará? Soy consciente de que la lavadora no se pone sola, de que esos platos que están a punto de salir andando por su propio pie (en busca de un hogar mejor) hay que fregarlos, de que el disfraz para el cole alguien tiene que comprarlo en el chino coserlo… Todas estas cosas (y mil millones más) hay que hacerlas, pero ahora dime, ¿qué te resulta más apetecible: tender la ropa o tenderte en la cama para un “ratico de amoooor”?

  • Piensa en verde: si en esa lista de cosas que tenemos en la cabeza no está el sexo, es muy difícil que aparezca por arte de magia. Para sentir deseo debemos pensar… ¡en verde! No se trata de estar todo el día ahí “cachonders” perdidas, pero sí buscarle el lado picantón a la vida, que lo tiene.
  • Pequeños gestos: un “te toco el culete”, una mirada, un “te cogía y te ponía mirando a Cuenca, si no fuera porque estoy a punto de desmayarme del cansancio”… Son cositas que no se tarda nada en hacer, y que oye, animan, ¿no te parece?
  • ¡Es que no tengo tiempo! Vale, tiempo no nos sobra a las madres, pero jamía, que no estamos hablando de que os peguéis las “24 horas de Lemans”, que hay caliqueños de 5 minutos más majos que las pesetas. Ahora dime: ¿le pasa algo a esa ropa por esperarte/le en la lavadora 5 minutillos de ná? Pues no. Pues eso.

Aceptando, que es gerundio

Tú no estás igual que antes, tu cuerpo no está igual que antes, eso es así, pero no tiene por qué ser algo negativo, al contrario: puede ser una oportunidad para redescubrirte, para experimentar, para crecer… tú y tu pareja, juntos.

  • Sexo oral: Y no me refiero a comer cosas, ¡digo que habléis! Al principio puede que te molesten ciertas posturas (es normal) o que te sientas rara. Háblalo con tu pareja y buscad, juntos, la manera, ¡puede ser algo hasta divertido si lo afrontáis con humor y amor!
  • El día D a la hora H: si antes los “aquí te pillo, aquí te mato” eran menú habitual en tu hogar, ahora con el retoño esto es muuuuuy difícil. Pero no pasa nada, que no sea espontáneo no hace menos divertido un encuentro sexual, ¡no, no, no! Planificar una velada te permite ir preparadita, saborearla con tiempo, innovar, introducir cositas (y no me refiero a lo que estás pensando, sino a comprar juguetes, poner velas, música… -aunque si al leer “introducir cositas” has pensado en… bien por ti, a eso me refería con “pensar en verde” en el punto anterior, jejeje-).

En fin, que esto de recuperar (o mejorar, o renovar) el deseo tras la maternidad requiere esfuercito, está claro, pero dime, ¿acaso no merece la pena?

Mamen Jiménez

La Psicomami

Publicado el 08 Jun, 2016

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