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Papá Lobo y el Club de las Madres Felices

Esto… ¡Hola! Por si alguno se pregunta “¿qué hago yo aquí?” Decirle que yo tampoco lo sé, pero aquí estoy…. Pues sí, al final he aprovechado la invitación y me he unido al Club de las Madres Felices como uno más de sus colaboradores. No ha sido fácil la decisión, pues viendo su elenco de colaboradores lo primero que se te viene a la cabeza es: ¿qué cuento yo ahora que esté a un nivel aceptable? Y lo segundo para mí que se han equivocado. Si yo sólo pasaba por aquí… Intentaré dar lo mejor de mí y que nadie se tenga que tirar de los pelos. Muchas gracias por la invitación (todo sea dicho).

Como ven, y si no me equivoco, soy el único “papá feliz” en el club y me siento como si me hubiera colado en una reunión de tupper-sex (pero en la sesión infantil). Una de las preguntas que suele hacerme la gente cuando se enteran que tengo un blog y que hablo sobre paternidad es “¿y cómo te dio por eso?” (la otra suele ser ¿te lo has hecho mirar, a ver si va a ser contagioso?).

Y hace años, he de reconocer que yo hubiera hecho las mismas preguntas. Bueno, pues aquí va mi historia del porqué del blog de “las Historias de papá Lobo.

Siempre quise ser padre

Recuerdo bien que siempre quise ser padre y que la idea de serlo me seducía y me daba canguelo a partes iguales. Como todo futuro padre tenía muchas ideas en la cabeza de cómo sería la relación con mis hijos, cómo quería educarles y qué cosas iba o no a hacer. No quería repetir los errores de mis padres, eso estaba claro, quería ser un padre moderno, el ídolo de sus hijos, nada de lágrimas, etc. (¿les suena esto de algo verdad?).

Luego tus compañeros que ya son padres te van contando sus vidas (si, créanme los  hombres a veces hablamos de cosas que no tienen nada que ver con el futbol o el sexo, pero si sale de aquí negaré haber dicho tal cosa) y te das cuenta de que hay muchas formas diferentes de educar, ¿pero cuál es la buena? Así que empiezas a navegar por internet (recuerden que somos padres modernos) y en busca de respuestas llegas a los blogs de gente como tú,  que cuenta su día a día, sus dudas, sus aciertos, sus consejos, etc. Y piensas ¿por qué no?, ¿por qué no intentarlo? No parece complicado (vale no se rían, no tenía ni idea de lo que significaba llevar un blog). Pero soy un hombre y este es un mundo de mujeres.  Esa fue la frase que lo detonó todo. Una de las cosas que no me gusta de esta sociedad es que los hombres no tengamos voz en este mundo, bien porque muchos sigan creyendo que los hijos son cosa de ellas o bien por el qué dirán (que mi experiencia me dice que es lo que sucede en la mayoría de los casos). Yo quiero participar en otras cosas que no sea la de impartir disciplina (más bien porque como tenga que ser yo el que la imparta mi casa va a parecer la sede de los anarkistas).

Se me daba bien escribir

Hasta la fecha nunca se me había dado bien eso de expresar mis sentimientos y mucho menos de forma pública, lo mío nunca ha sido la conversación. ¡Si yo en una reunión de mudos soy un hombre feliz! Pero escribiendo, si que podía contar aquello que sentía y lo que pasaba en mi mundo.

¿Y a quién le iba a importar lo que yo escriba? Tenía el apoyo de mi mujer, lo que ya me aseguraba al menos un lector y  podía tomarlo como si fuera un  diario y así me ahorraba las llamadas de mi madre preguntando que han hecho hoy los nenes; “le digo que lea el blog y punto” (primer error, tu madre seguirá llamando todos los días).

Un padre novato

No soy un profesional relacionado con el mundo del bebé, no soy médico, no soy maestro, ni cuidador, ni siquiera trabajo en alguna empresa relacionada con ese mundo, mi experiencia con los pañales, toallitas o ropa de bebé se reduce a ver los paquetes en la estantería del supermercado y a que he visto unas cuantas veces “3 solteros y un biberón”. Soy un padre novato, recién estrenado y con un pánico atroz a que el peque se me desmonte en las manos.  Me gusta escribir, pero lo hago fatal, y mejor no entro en el tema ortográfico, y existen otros muchos blogs que hablan de lo mismo que yo. Entonces, ¿qué hago? Pues esto es como cuando sales con un grupo y todos parecen salidos de un anuncio de Danone y tú del de Fabada Litoral. Con el exterior no hay nada que hacer, así que empieza a mirar dentro a ver qué encuentras, y de todas formas date con un canto en los dientes si aparte de tu mujer y tu madre te lee alguien más.

El humor y yo

Siempre me he tomado la vida con humor, como dicen por ahí, al fin y al cabo no voy a salir vivo de ella y para pesimismos ya están los telediarios, mi recurso favorito suele ser la ironía y sigo teniendo mucha imaginación (acá llamada “sigues teniendo las ideas de un crío de 5 años”), el día que repartieron la seriedad y dieron la orden de crecer a mi me pilló en el bar, así que combinando todo eso empecé a escribir el blog, intentando contar al mundo las aventuras y desventuras de un padre cualquiera.

Luego según pasa el tiempo te das cuenta que tu mundo no es Estivil, González o Jové, tu mundo no es otro que el “mundo de papá Lobo” –ahora sólo falta escribir un libro para hacerlo oficial–.

Hoy en día, más de dos años después y casi 190 entradas, puedo decir que como diario no vale mucho,  que sigo sin encontrar un hueco que no sea el mío, que esto no es tan fácil como creía…, pero…, ¡¿y las risas que nos echamos?!

Muchas gracias al Club de las Madres Felices por esta oportunidad y a tod@s los que leen lo que escribo.

P.D: no teman, lo del libro era broma.

Por Historias de Papá Lobo

Publicado el 01 Feb, 2012