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Madres Primíparas contra Multíparas by Desmadreando

Por Desmadreando

Las mujeres somos extraordinarias. Eso- creo yo– que no hace falta que nos lo digamos. Lo sabemos. Dentro de nuestras grandes capacidades está el ser «multi-facéticas«, esa extraña cualidad con las que se nos ha dotado en donde se nos permite desarrollar múltiples cosas de diverso índole ¡al mismo tiempo! Versatilidad malabarística donde la haya, ya que los malabaristas suelen estar callados mientras se concentran en lo suyo. Las mujeres, en cambio, jamás callamos. No obstante, esta habilidad puede traer grandes enfrentamientos a lo largo de nuestras vidas.

Pero hay que guardar la calma. No todo es malo. De esta capacidad deriva el término de multitasking -habilidad muy valorada en las entrevistas de trabajo- e incluso, si me permiten el atrevimiento, diría que también de ésta cualidad multifacética femenina se deriva la teoría del multiorgasmo (ésta última habilidad mejor no mencionarla en las entrevistas de trabajo).

Las madres somos un enorme ejemplo de estos «multitasking” placenteros en la vida diaria, ya que podemos sentir múltiple placer en el momento que tú hijo se ha dormido finalmente después de dos horas de contar el mismo cuento haciendo las voces de Caperucita y Lobo Feroz simultáneamente, a la par de estar pensando en que vas a hacer de comer al día siguiente, mientras te dejas una nota mental que te hace falta comprar cera para depilarte esas piernas de Chewbacca con el fin de poderte dejarte caer en el sofá rendida e introducir en tú boca lo que tanto anhelabas: chocolate. Placer adulto. Múltiple. De madre.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro y esta enorme capacidad con el tiempo cobra factura. No sólo envejecemos más rápido que los hombres, si no que además llega un momento en donde el ser «multi» nos confronta a nosotras mismas como mujeres. Nuevamente las madres son el ejemplo por excelencia: las multíparas lo tienen más difícil que las primíparas. Ley de vida. Aunque se crea justo lo contrario.

No nos engañemos, a «las madres» nos encanta mentir. Ir diciendo por ahí que el segundo es pan comido y que el tercero está «chupado». Y ahí va una y se mete nuevamente en el berenjenal. No tanto por haberse creído la historia, ni por esa capacidad multiplacentera de la procreación; si no porque sufrimos de multi-amnesia. ¡Pero esta amnesia es peligrosa! Nos olvidamos de todo, tanto de lo bueno como de lo malo.

Ésta amnesia suele llegar primero camuflada de nostalgia y de forma selectiva. Empezamos a echar de menos esas bolitas de carne rosadas que emiten ruiditos guturales y hacen caca dieciséis veces al día. Sin embargo, sólo recordamos el olor a bebé…no el de los pañales.

Después esa amnesia se presenta de forma más progresiva y agresiva manifestándose con el «no me acuerdo lo que es tener un bebé en brazos» y preguntándonos cómo lograba cargar yo a un ser de 60 centímetros que no paraba de berrear y lo tranquilizaba con dos paseítos, tres ronrroneos, y siete semanas del barquito chiquitito ¡Y ZAZ! Se activa dentro de ti, ese tic-tac de tu reloj biológico con una alarma aguda recordándote que ya va siendo hora que te pongas a refrescar lo aprendido antes de que tus genes envejezcan más, surgiendo así, desde la profunda paz que hay en tu salón mientras tu bestia duerme y tienes la boca llena de chocolate, la posibilidad de plantearle a tu pareja de manera determinante que llego la hora de ir «a por el siguiente«.

Por último, la amnesia se presenta con un balde de agua frío en la cabeza. Ya estás preñada. ¡Y no te acuerdas de nada! ¡Ni de cómo lo concebiste! ¡Y no recordabas lo que eran las náuseas! ¡Ni el peligro de las hormonas! ¡O que la ropa no te quedara y la gente te mintiera diciéndote que te ve guapísima! ¡Ni mucho menos de lo feos que eran los sujetadores premamá!

Pero lo peor de la amnesia es que se te había olvidado que ahora eres considerada multípara y las multíparas lo deben saber todo. Por experiencia. Aquí la cualidad multifacética nos juega irónicamente una mala pasada. Implícitamente la multípara se ve obligada a guardar silencio. A no preguntar. Porque ya fue madre. Porque ha sobrevivido y porque queda mal ir preguntando sobre los cólicos o las posiciones para dar de mamar ¡si ya ha tenido un churumbel! Las primíparas esperan nuestros consejos no nuestras preguntas.

Pero si me disculpan ¡yo no pienso callar! ¿No podemos volver a ser primíparas? Las mujeres tenemos la capacidad de re-nacer como madres y multiplicarnos con cada hijo. Así que renuncio a ser multípara –aunque mi vientre diga lo contrario– pues la experiencia sólo se logra repitiendo ¡Así que repito! ¡Seré madre primeriza nuevamente!

Publicado el 08 Oct, 2013

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