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Mi experiencia con la lactancia materna

Por Ser Madre toda una aventura

Quienes me leéis desde hace tiempo sabéis que aunque no tuve una lactancia prolongada soy una firme defensora de la misma. Creo que la lactancia materna es el mejor regalo, después de la vida, que una madre puede hacer a su bebé. Científicamente está demostrado que tiene innumerables beneficios para ambos y aunque no voy a enumerar todos y cada uno de ellos sí que quiero hablaros de uno en concreto basado en nuestra experiencia personal: la lactancia materna en exclusiva durante al menos los 6 primeros meses de vida inhibe la aparición de alergias alimentarias. Desgraciadamente esto es algo que nos ha tocado vivir y, creedme, una alergia alimentaria es algo serio, que complica el día a día de un niño, que le excluye de muchas actividades sociales y, lo más importante, que puede poner en peligro su vida.

Falta de información

Cuando nació mi hijo solicité casi de inmediato un biberón de fórmula en el hospital, biberón que las enfermeras no dudaron en traerme ni en cuestionarme en ningún momento. No culpo al personal médico de aquella decisión pero sí lamento profundamente la falta de información en esos momentos cruciales. Estaba muy cansada, aturdida, la leche no me subía a consecuencia de la cesárea programada y mi bebé no paraba de llorar. «Llora por hambre» – me decían todos. Así que, lejos de guiarme por mi instinto de madre, me dejé llevar por los consejos gratuitos de las visitas y ofrecí a mi niño su primer biberón artificial con escasas horas de vida. A partir de ese momento se abrió el fatídico círculo: al tener biberón ya no me ponía al bebé al pecho; en consecuencia no estimulé adecuadamente la subida de la leche y por ende ésta tardó una semana en llegar.

Errores fatales

Durante esos días mi hijo estuvo alimentándose con leche de vaca que le sensibilizó el organismo y le provocó la aparición de esta alergia que se manifestaría poco tiempo después. Hago un breve inciso para explicar que la alergia alimentaria es una reacción anómala que tiene el organismo al identificar como un “peligro” una o varias proteínas de un alimento ante las que reacciona liberando anticuerpos. Numerosos estudios médicos aseguran que la exposición demasiado precoz a la leche de fórmula con posterior lactancia materna (los biberones de la maternidad) así como la administración de leche de fórmula de manera intermitente durante la lactancia, favorecen la aparición de esta alergia alimentaria: dos errores fatales que yo cometí.

Mi lactancia podría haber sido estupenda pues a pesar de los biberones iniciales mi hijo cogió el pecho con determinación, fuerza en la succión y correcta postura. Pero las proteínas de leche de vaca ya habían sensibilizado su organismo y comenzó a reaccionar con fuerza ante las partículas de los lácteos que yo ingería y que le pasaba a través de mi leche. Vómitos en propulsión tras las tomas, lloros sin consuelo, pérdida de peso alarmante, ojeras marcadas, abdomen hinchado… todos aquellos síntomas nos pusieron en alerta y tras dos semanas infernales de numerosas visitas a urgencias, noches en vela y muchísimas lágrimas, por fin obtuvimos el diagnóstico: alergia a la proteína de leche de vaca (APLV), una patología que afecta al 2% de los bebés en nuestro país.

El diagnóstico y el abandono de la lactancia

Ante un diagnóstico de APLV muchas mujeres abandonan la lactancia creyendo que ésta perjudicará a sus hijos cuando justamente ocurre lo contrario. Una lactancia materna en exclusiva con estricta dieta exenta de lácteos por parte de la madre beneficiará mucho al bebé, contribuyendo a la futura curación de su alergia.

A partir de aquel momento, y por diversos motivos que se sucedieron, mi lactancia materna exenta de lácteos duró apenas dos meses. Mi hijo había perdido mucho peso y era tan sólo una sombra del rollizo bebé sonrosado que pusieron por primera vez en mis brazos, por lo que debí recurrir irremediablemente a suplementos de leche artificial hidrolizada. Pero su problema ya estaba por fin diagnosticado y encauzado. Comenzaba una nueva etapa en nuestras vidas, no exenta de obstáculos que vamos sorteando poco a poco gracias al tesón, conocimiento, esfuerzo, sacrificios y, sobre todo, al infinito amor que sólo una madre es capaz de dar.

Publicado el 04 Oct, 2012