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El equilibrio en la maternidad

Por Mamá sin Complejos

Muchos son los roles que una mujer asume desde temprana edad, muchas nuestras facetas, muchas nuestras caras. A una mujer se la enseña desde niña a ser muchas cosas. Se nos exige desde pequeñas. Nuestra generación, ya dentro de esa envoltura de “mujer que puede con todo y vale para todo” ha sido preparada para poder comernos el mundo si hacía falta.

De repente hemos entrado en una dinámica donde la mujer es puesta en el punto de mira. Igualdad, trabajo, estudios, todo esto se persigue, todo esto se exige, a las mujeres y a la sociedad. Aspiramos a ser iguales, ¿iguales a quién?, ¡a los hombres!. Pero, ¿podemos ser iguales?, ¿queremos serlo?

Igualdad y maternidad

Yo quiero ser igual en derechos y deberes, en aspiraciones, pero no quiero ser exactamente igual que un hombre, ¿por qué querría serlo?. Soy mujer y estoy orgullosa de ello. He estudiado, me he formado, he trabajado, he madurado y como colofón he sido madre.

La problemática viene cuando llega la maternidad. Hasta ese momento vivimos todos, hombres y mujeres, igual, en armonía, mismas aspiraciones, mismas metas, caminamos de la mano. Pero cuando las mujeres nos convertimos en madres algo cambia. De repente nuestro hijo, nuestro amor más grande, nos necesita, y nosotras le necesitamos. Y entonces todo cambia. En muchas ocasiones nuestro cóctel de prioridades se tambalea o incluso se derrumba. A veces empezamos de cero. Otras veces conseguimos engancharnos de nuevo a la vida de antes.

En mi caso, la maternidad irrumpió en mi vida y derrumbó la estructura de valores, ideas y prioridades que había construido. Se derrumbó para volverse a erguir. Paso a paso, ladrillo a ladrillo, idea a idea fuimos elaborando una nueva estructura, un nuevo yo se abría paso, un yo que se convirtió de inmediato en un nosotros. Una mujer que pasó a ser primero madre y después todo lo demás.

Equilibrio en la maternidad

Hoy sigo siendo madre, por encima de todo, pero soy esposa, hija, hermana, tía, amiga y ya después puedo decir que soy psicóloga, bloguera, estudiante, y cientos de cosas más. La maternidad me ha devuelto la importancia de la familia, de las relaciones, de los sentimientos.

Soy una madre orgullosa de su hijo, una esposa feliz junto a su marido, una hija agradecida por los padres que le han tocado, una hermana que adora a su hermana, una tía maravillada con su hermosa sobrina, una amiga ansiosa por compartir, aprender y enseñar.

Mis otras facetas, mi profesión, mi blog, mis aspiraciones son importantes sí, me completan como mujer, pero vienen después, en un segundo plano, no por ello menos importante.

La maternidad ha conseguido que mi vida emocional sea lo más importante, que el amor y la felicidad sean los motores que me impulsan.

Pero la sociedad nos exige, nuestro entorno nos exige, en muchos casos hasta la familia nos exige. Y la mujer se debate entre su vida emocional o interior y su vida exterior. Lo ideal sería encontrar un equilibrio, que se logra si se reciben los apoyos adecuados.

La falta de equilibrio

Lo malo viene cuando no hay equilibrio, y la estructura se tambalea. Una voz nos impulsa a ser supermujeres, otra voz nos arrastra a nuestro mundo interior. Nos convertimos en muñecas de trapo a las que tiran de ambos brazos. Gritemos ¡¡basta!!, y pensemos, sintamos qué necesitamos para lograr ese equilibrio.

Para un momento, respira, cierra los ojos… Sí, puedes asumir todos tus roles, todas tus responsabilidades, pero piensa calmadamente el valor que quieres otorgar a cada uno de ellos.

Busca tu equilibrio, deja salir tu lado emocional, ordena y decide.

Publicado el 04 May, 2011