Por Diario de una mamá pediatra

Hace unas cuantas semanas escuché con alegría la noticia emitida por el Departament de Salut de la Generalitat, que saltó a los medios, en la que se explicaba que, según las últimas cifras recogidas, la lactancia materna en Cataluña goza de buena salud. El número de madres que amamantan a sus hijos es elevado y además se ha incrementado con los años. Después de unas décadas en las que las cifras habían disminuido, parece que una mayor información de las madres y de los profesionales ha redundado en volver “a los orígenes”.

Protección de la lactancia materna

La protección de la lactancia materna debe ser una prioridad. Fundamentalmente porque es fisiológico como mamíferos que somos  (no me voy a detener en los múltiples beneficios para la salud que aporta pues una información ampliamente divulgada). Analizar el por qué algunas madres deciden no amamantar a sus hijos es complejo. Los que me leéis asiduamente sabéis que no soy nada propensa a estigmatizar esta situación. Cada una hace lo que cree que es mejor para su hijo o para el binomio madre-bebé. Tanto la mujer que tiene claro que no quiere lactar como la que tira la toalla a las primeras de cambio merecen su respeto.

Una decisión de las madres

A la que decide no lactar, si lo hace con toda la información a su disposición, no se la puede catalogar de peor madre. A estas madres, cuando tengo la posibilidad de hablarles cuando la decisión todavía no es irrevocable, siempre les animo a intentarlo aunque sólo sea para “probar”. A veces ese primer contacto piel con piel con el bebé les cambia todo su razonamiento anterior.

Sobre el grupo de “las que tiran la toalla” la cosa es más compleja. Es un grupo muy pero que muy numeroso en las consultas pediátricas. Las hay que han iniciado la lactancia sin mucha información, quién se enfrenta a postpartos extremadamente complicados y quien tiene unos inicios poco favorables. Yo siempre me he sentido un miembro potencial de este grupo. Soy consciente que si mantuve mis dos lactancias fue por tesón y por ser pediatra y conocer al dedillo las ventajas de la lactancia materna. No fueron lactancias fáciles y entiendo perfectamente a las mujeres que se desesperan y deciden abandonar.

Soporte profesional e institucional

El soporte profesional es importante. A los profesionales siempre se nos culpa en primer lugar del abandono de la lactancia. Cierto que hay profesionales que deberían reciclarse, muchas cosas se están moviendo en este sentido. También os diré que tampoco son santos de mi devoción algunos pediatras que parecen que han sido los inventores de la lactancia. No todo es tan fácil y a veces hay que vivirlo en propias carnes para entender situaciones que nada tienen que ver con una teoría escrita sobre el papel.

El soporte de la instituciones es un punto clave. No tanto para iniciar la lactancia como para mantenerla. Incorporarte a trabajar a las 16 semanas de baja maternal significa en la mayoría de las mujeres, un antes y un después en su lactancia. En mi caso, con guardias hospitalarias de 24 horas os lo podéis imaginar… ¡Aunque esto daría material para un post entero!

Soporte del entorno

Si bien los soportes profesional e institucional son fundamentales,  casi me atrevería a decir que es mucho más importante el soporte del entorno. Una pareja que se ocupe del resto (casa, otros hijos, intendencias varias), unos abuelos que no den mensajes negativos, unos vecinos que se muerdan la lengua antes de opinar gratuitamente en el ascensor…

Y luego está la propia mujer. Sus experiencias anteriores, sus expectativas, sus sentimientos en medio de la tormenta hormonal, la forma de asumir lo que en la experiencia vital significa traer un hijo al mundo. Algunas necesitan simplemente que alguien les diga que pueden hacerlo, otras necesitarán algún consejo sobre cómo se lacta, otras sólo que alguien las escuche en su camino. Cuando las cosas no van rodadas, el sueño y las molestias físicas no ceden, las decisiones no son fáciles. Y así deberíamos entenderlo, intentando que las madres sufran lo mínimo y sean capaces de disfrutar del momento.