Durante los primeros tres meses, la necesidad de chupar se transforma pronto en una necesidad independiente del hambre. Y es que, junto con el llanto, chupar permite al niño descargar su tensión. El chupete se transforma en una presencia que recuerda al niño el inmenso placer producido por la cercanía de la madre.
Por ello, pasados los primeros seis meses, cuando la necesidad de chupar es menos intensa, el chupete se transforma en un objeto que hace compañía al niño en los momentos en que siente más necesidad de consuelo: al irse a dormir, cuando su mamá desaparece, etc.
Sin embargo, además de esta acción consoladora, el chupete proporciona al niño una mayor autonomía, pues le permite satisfacer por sí solo su necesidad de contacto o de compañía. |
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