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Mitos sobre el chupete

En torno a la utilización del chupete aún existen muchos prejuicios. Veamos qué hay de cierto y de falso en algunos de ellos:

 

- Para que no acabe siempre rodando por el suelo, resulta muy útil sujetar el chupete del pequeño. Sin embargo, nunca hay que colgárselo de un collar, porque podría estrangularse. Se deben emplear cadenitas cortas, de plástico, que se sujetan con un imperdible de seguridad y que están específicamente pensadas para los más pequeños.

- Es cierto que existen chupetes que se pueden llenar de zumos, de manzanilla o de cualquier otro líquido. Estos chupetes resultan prácticos para hacer que el niño se tome algo sin que casi se dé cuenta. Sin embargo, se corre el riesgo de que se produzca una contaminación por gérmenes.

- Incluso aunque esté viejo o en pésimas condiciones, algunos niños no aceptan la sustitución de su querido chupete. ¡Reconocerían a su chupete del alma entre otros mil que se le ofrecieran! Sin embargo, es importante sustituirlo cuando el material se estropea, porque de esta forma es más fácil que en él colonicen los gérmenes. Para ello, resulta muy útil ofrecer al niño más de un chupete.

- Lo mismo que sucede con el biberón y con otros objetos con los que el niño tiene contacto, es importantísimo esterilizar con frecuencia el chupete y enjuagarlo a menudo bajo un chorro de agua corriente. Por otro lado, nunca se ha de pasar el chupete de otra boca a la del niño, pues la boca contiene gérmenes.

- Por la misma razón, nunca hay que guardar el chupete suelto en el bolso o en el bolsillo. Existen estuches diseñados especiales para guardar el chupete.

- Nunca se ha de untar el chupete con azúcar o miel. Esta costumbre favorece la aparición de caries y le acostumbra a los sabores muy dulces. Aunque los dientes de leche no se vean, durante el tiempo en que el niño ha permanecido en el seno de la madre, se han ido formando todas las estructuras o tejidos que darán lugar a los mismos. Acostumbrar al niño a un chupete endulzado con azúcar o miel significa aumentar la posibilidad de futuras caries. También tiene un efecto negativo sobre su sentido del gusto, que aún se está formando, pues de esta forma se hipotecan sus futuras elecciones.